sábado, 15 de enero de 2011

Sinceramente, creo que solo soñamos con lo que queremos. Soñamos con un mundo mejor, con un mundo donde solo se lucha contra enfermedades, contra el SIDA, por ejemplo, o el cáncer. No por territorios ni riquezas ni poder. Soñamos con un mundo perfectamente imperfecto. Donde las comunidades sean unidades pacíficas y solidarias. Donde se ha erradicado el hambre y nunca jamás un niño pasaría nunca hambre si no es por el sano ejercicio de perder peso. Este sueño no es en vano porque de algún sitio tendrán que nacer las ilusiones, la felicidad…. ¿no? ¿Entonces por que la gente sueña? ¿Por qué se sumergen en un río de corrientes de agua verde donde el cielo es pálidamente sonrojado y los pájaros llevan pantalones blancos? ¿Acaso el ser humano no siente? ¿No experimenta la sensación de tener un escalofrío que le corre por la médula cuando nota el corazón de otro en sus labios? ¿Acaso el ser humano no es humano? Dejemos que la música hable por si sola. Que fluyan los caminos de seda y que crezcan las nubes por los retablos dibujados por el viento. Que broten los árboles en una tierra aria y que nazcan sus semillas. Quisiera ver el color violáceo de las flores del melocotonero en su dulce esplendor cuando florecen en primavera. Tan suaves y finos como el sedoso rasgar de un arpa flotando en el suspiro de una muchacha.

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