miércoles, 6 de julio de 2011

Olvidada. Sola, escondida en ese oscuro cajón. Allí, sin poder respirar, sin poder escuchar, ni más ni menos, aquella enajenada muerte, fruto de todas las maldades posibles. ¿Tal vez renacida? ¿Acaso es frecuente su sonido? Todo lo que le rodeaba no era fruto de sus obras, sino de sus maldades y de sus frías miradas causadas por un sentimiento de contrariedad. Sólo era finita, sólo altiva, tal vez recordada, tal vez...

¿Pero qué digo? Así abro una pregunta. A todos nos llega la hora del pensar racionalmente. Supremacia nos da. Por algo estamos aquí. Y ahora desciendo para un final. ¿Qué tal hasta ahora? Todos los elementos, la suma de los factores. Todo es un resultado.¡Acabemos de una vez! Y ahora paz, piano y tardío con un continuado "plié". ¿No hablaba de la muerte? También puede ser bella. ¡Y lo es!  Doblemente amarga la vida se prolonga. Somos los reyes de nuestra propia creación. ¿Qué digo? Tan sólo un humilde acorde me resuena en la cabeza. Ahora con más fuerza. Sólo oigo a un compositor de la naturaleza creando algo único. Pero siempre con el tema principal que siempre preside las reuniones mentales. Todo se complementa. Una idea de belleza, otra de la vida, similar a la anterior, y, sin embargo, volvemos de nuevo al tema, reexposición de los hechos. Ya está todo desarrolado. Y fin. Adiós.

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